MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 15 de septiembre de 2017

viernes, 8 de septiembre de 2017

PATAFÍSICA PARTIDOCRÁTICA






En 01911 se publicó a título póstumo una novela de Alfred Jarry titulada Gestes et opinions du Docteur Faustroll, pataphysicien, donde se definía la patafísica como "ciencia de las soluciones imaginarias", concepto que tuvo gran influencia en el movimiento surrealista, y llevó a la creación de un paródico collegium pataphysicum en 01948, entre cuyos miembros figuraron artistas como Boris Vian, Marcel Duchamp, Raymond Queneau o Joan Miró.
Sin duda, no desmerecerían de ser integrantes de este insigne Colegio aquellos representantes de la eximia partidocracia española que están proponiendo estos días como solución al proceso independentista catalán la celebración de nuevas elecciones. Estos patafísicos de la clase política oligárquica, que, de acuerdo con su conciencia de tal, no pueden ver a sus conmilitones catalanes como enemigos, les proponen que jueguen al juego de las votaciones para re-repartirse el poder, a ver si esta vez están más contentos con la cuota que obtengan. Entretanto, el gobierno, descartando desde hace cinco años la ramplona solución de procesar por el delito de sedición recogido en el código penal a los nacionalistas catalanes, sus aliados de casta corrupta y explotadora de sus súbditos, experimenta en su laboratorio patafísico con expedientes como las llamadas al diálogo, la financiación abusiva respecto a la de otras regiones, y los pellizcos de monja judiciales. Por su parte, la oposición sugiere la creación de un patafísico Estado plurinacional, cuyo número de naciones exigirá probablemente la celebración de una sesión plenaria del Colegio, pues el líder de aquélla ha afirmado recientemente que "todas las naciones son España". Todos ellos coinciden, al menos, en la existencia del patafísicamente socialdemócrata "derecho a decidir", ya se sabe, el derecho a decidir sobre cosas incluso no decidibles, como si lloverá mañana, la existencia de Dios, o la de una nación, que es un hecho histórico sobrevenido e independiente de la voluntad de cualesquiera generaciones, presentes o futuras.
Toda esta situación es, en fin, una triste prueba más de cuán nociva es la partidocracia para sus súbditos, pues los partidos de este régimen hacen suyo el Estado, de suerte que los presunto nacionalistas no son más que estatalistas que quieren un Estadito propio donde ejercer un poder sin control y blindado frente a instancias judiciales superiores que conocieran de su mayúscula corrupción. La nación, pues, no la conocen ni les importa, pues ya poseen un aparato represor y propagandístico con el que acallar las protestas de la población por las catastróficas consecuencias económicas que tendría su proceso independentista.




Imagen: Joan Miró, "cabeza de payés catalán".

viernes, 1 de septiembre de 2017

¡FELIZ AÑO NUEVO!





Cada vez me resulta más fastidioso e hipócrita celebrar el fin de año en diciembre, pues para gente como yo el verdadero año nuevo comienza hoy. Mientras estaba en la playa donde voy a nadar temprano, y escuchaba a algunos bañistas anunciar el fin de sus vacaciones, pensaba en que en unos días tendré nuevos alumnos, nuevo horario que va a condicionar mi vida diaria aunque intentaré que no lo haga de modo determinante, nuevos compañeros de trabajo, gente con la que conviviré un año entero, y con la que las relaciones serán buenas, o mejorables, la presión de lo políticamente correcto hasta en el lenguaje que debo usar, y contra la que me rebelo, a pesar de las alteraciones del sueño, y de la cuesta de septiembre. Muchas horas de convivencia en una comunidad, que me permite estar alerta en medio de una pequeña sociedad, y estar en contacto con los jóvenes, aunque también siendo consciente del creciente abismo que me separa del divino tesoro. Así que lo celebré ayer con cava.



Imagen: fotograma de Private property de Leslie Stevens (01960)

viernes, 25 de agosto de 2017

HACIENDA: INQUISICIÓN PARTIDOCRÁTICA





Igual que el Terror puede considerarse, según D. Antonio García-Trevijano, la Inquisición de la revolución francesa, es dado hacer lo propio con Hacienda en la partidocracia española. Este órgano del Estado resulta particularmente lesivo para los súbditos del régimen por su doble vertiente, la de organismo sangrador, por un lado, de sus bolsillos para el sostén del pantagruélico estado clientelar y parasitario con sus 17 miniyoes a modo de reyes de Liliputh insaciables, y, por otro, la de bastión insoslayable de la fe en la Partidocracia como el mejor de los regímenes posibles, que no composibles, como decía Leibnitz.
Prueba de ello, es el santo temor que inspira la Hacienda, cuya elevadísima presión fiscal es causa directa del empobrecimiento progresivo de las clases medias españolas, y de su progresiva dependencia de las limosnas sociales del Estado. Si Dios ha muerto culturalmente, como decía Nietzsche, es ésta la que ha tomado el relevo del antaño salutífero temor de Dios. Así, cualquier notificación de la Cosa provoca en el pequeño súbdito temor y temblor (timor et tremor) evangélico, pues presiente que sus juicios son definitivos e inepalables, a la par que tremendamente onerosos al más mínimo desliz fiscal, sea intencionado o no. De tal suerte que los errores en las declaraciones del IRPF se saldan con una multa que supone mínimo la mitad de la cantidad declarada incorrectamente, más los intereses de demora, que pueden ser no pequeños, si como es frecuente, Hacienda espera hasta el tope legal (5 años) para comunicar su infracción al pecador fiscal. Este desvergonzado afán recaudatorio lleva a casos en los que Hacienda insiste en el cobro incluso cuando el infractor no ha sido notificado correctamente en su domicilio, sino en ajeno. Si al asustado interfecto no se le ocurre ir a los tribunales económicos pertinentes, sufrirá esta arbitrariedad y pagará religiosamente stricto sensu. Si, por el contrario, logra vencer su supersticioso temor y recurre a los tribunales, ganará claramente el pleito, como ocurre en más de un 51% de los litigios que se inician contra Hacienda.
Esa arbitrariedad vergonzosa se combina con el recordatorio recurrente de nuestra condición de pecadores (... somos todos), y de nuestra obligación de contribuir al sostenimiento del Estado, es decir, a la gestión de la clase política oligárquica en su propio beneficio y en el de la oligarquía económico-financiera. Contamos con dos ejemplos muy recientes de este inmundo proceder: la reciente amnistía fiscal anulada por el Tribunal Constitucional que ha premiado a delicuentes fiscales de importantes familias políticas y de banqueros (pues muchos son los llamados, y pocos los elegidos), y la venta al Banco Santander del Banco Popular por la cantidad de un euro, que es la noticia que retumba en las redes. Nadie dice, empero, que el Santander recibirá de la Agencia Tributaria hasta 5.000 millones de euros en ayudas por dicha compra (de los que los accionistas del Popular no verán ni uno), dinero que proviene de las faltriqueras del rebaño de súbditos que sigue votando estúpidamente en este régimen de partidos que los pisotea sin piedad, pues sólo se representan a sí mismos e impiden la separación de poderes que podría controlarlos.



Ilustración: Fritz Eichenberg

viernes, 18 de agosto de 2017

LA ENFERMEDAD MORTAL




En su obra La enfermedad mortal o Tratado de la desesperación, Sören Kierkeegard considera a ésta como el pecado definitivo, cuya otra cara sería la fe, al separar al yo de su fundamento que es Dios, provocando su perdición, y analiza dialécticamente sus varias formas. Ésta adopta, por ejemplo, la forma de escándalo bajo el tipo de la desesperación del perdón de los pecados, es decir, la creencia de que no existe perdón para éstos, lo cual implicaría, para la escatología cristiana, la imposibilidad de acceder al Cielo, y para la especifícamente católica, la imposibilidad del sacramento de la confesión.
En este tema incide la película Afterdeath (02015), que me ha obsesionado -más que gustado- hasta el punto de verla varias veces. En ella un grupo de jóvenes, fallecidos en el derrumbe de una discoteca, se reencuentran en un escenario logradamente onírico: una casa a orillas de una playa a la que arriban como después de un naufragio, en cuya arena encuentran la inscripción Even the good are damned "Incluso los buenos están condenados". Tabula rasa, es por otra parte, el lema que encuentran junto a la puerta de la casa, batida regularmente por la luz de un faro que los atormenta. Las habitaciones de la casa están formadas a partir de los recuerdos de los distintos jóvenes difuntos. En ella topan con una demónica presencia en forma de humo azulado, que se enerva ante la manifestación o confesión de sus pecados, y que les acabará revelando que se encuentran en la antesala del infierno, una especie de purgatorio fallido y sin esperanza, pues ninguno puede redimir sus pecados, que son, como dice uno de los personajes, "un cáncer, un seguro de eternidad (en el infierno)", lo que lleva -última revelación aterradora- a que el Cielo esté vacío. Mientras que el espacio alrededor de la casa va desapareciendo y comprimiéndose, la desesperación les lleva a pensar que si uno de ellos, pecador, consigue entrar en el Cielo, desaparecerá el Más Allá, "y la gente podrá vivir sus vidas en paz".
La película en su aspecto visual, resulta interesante por la parquedad de los elementos empleados, el faro, que oníricamente siempre está, como en el sueño de Homero, a la misma distancia por mucho que los difuntos intenten acercarse a él, la playa, y la casa que hace pensar en el famoso cuadro de Wyeth:






Por otra parte, el faro me recuerda el de la novela de Jules Verne "El faro del fin del mundo", inspirada en el auténtico situado en el extremo sur del continente sudamericano, y que puede haber inspirado la imaginación de los directores.



Así, el faro o la forma de la que es variante, la torre, puede aparecer como antisímbolo de esperanza, en obras como ésta de Arturo Nathan:





Este sucinto decorado confluye para crear una atmósfera claustrofóbicamente doméstica, en la que los personajes ilustran una idea negativa de la religión en su aspecto salvífico. La justificación por la fe y no por las obras, característica del Protestantismo, no me parece ajena a la base argumental de esta película inglesa. Una vez perdida la fe, sólo cabe concebir los aspectos negativos del presunto Más Allá, pues como afirma san Pablo en su epístola a los Romanos 3, 23 -cita que abre la película-: "Porque todos pecaron, y se hallan privados de la gloria de Dios". Así pues, incluso los buenos se condenarán, pues no pueden librarse de la huella indeleble del pecado, inherente al ser humano.


sábado, 12 de agosto de 2017

PROCUSTO CONTRA LOS TURISTAS






Procusto, o más correctamente Procrustes, era el nombre mitológico de un bandido y posadero, que vivía en la ruta entre Mégara y Atenas. Allí tenía dos lechos, uno corto y otro largo, y obligaba a los viajeros a tenderse en uno de ellos: a los de talla alta en el corto, cortándoles los pies para ajustarlos a la cama, y a los bajos, en el largo, descoyuntando sus huesos para estirarlos y adaptarlos a él. El lecho de Procusto se ha convertido, así, en una expresión proverbial para indicar la adaptación a una norma previa arbitraria.
En el mundo actual, cuyos rincones están casi totalmente explorados, la figura del viajero está en regresión. No obstante, sigue contando con un gran prestigio, frente, como es el caso, a la del turista. Odile Gannier en su libro La littérature de voyage establece las diferencias y semejanzas entre los tipos humanos del viajero, el turista, el peregrino y el nómada. Viajero y nómada comparten, pues, la característica de la incertitud del destino y duración de su viaje, y son los únicos sujetos a la posibilidad del viaje iniciático -aquél que se aparta de su propósito inicial para provocar una catársis en su protagonista-, como el descrito por Michel Tournier en su novela Vendredi ou les limbes du Pacifique. La autora invoca, asimismo, testimonios literarios del desprecio del viajero por el turista, tenido como un usurpador, aunque, como señala paradójicamente Gannier, el viajero se ha convertido en nuestros días en un adelantado o explorador que allana el camino del futuro turista, vía, por ejemplo, de la producción de guías de viaje.
En España, sociedad antaño tradicionalista y agraria, que miraba con desconfianza al forastero, se produjo un cambio en los años 60, cuando el régimen franquista la declaró oficialmente abierta al turismo extranjero bajo el lema Spain is different. Los turistas comenzaron, entonces, a ser observados con benévola curiosidad no exenta de libidinosidad en el caso de las ya míticas suecas, objeto del deseo en una miríadas de películas de la época, donde unos españolitos breves y velludos daban saltos en su complejo de inferioridad detrás de estas ebúrneas presencias alóglotas.
Sorprenden, por lo tanto, los ataques al turismo por parte de la extrema izquierda catalana y vasca. Procustos redivivos, tienen, paradójicamente, un lecho largo para toda clase de inmigrantes o refugiados que están dispuestos a ocupar sin fin, apretujando que no estirando a éstos, y, por otro lado, tienen un lecho corto, el de su ideología anticapitalista, periurbana, nacionalista, ergo, profundamente reaccionaria, en el que no cabe el turista. Y no es precisamente al turista de botellón al que acosan, sino al que va a restaurantes o toma autobuses o trenes turísticos, es decir, el representante, en su mentalidad cazurra, del capitalismo en sus manifestaciones de libertad de movimientos y posibilidad de intercambio económico, así como la encarnación del viajero en su más noble esencia, el que les revela, con su presencia, la existencia de un mundo que desborda al de su aldea partidocrática. Et in Arcadia ego.



Ilustración: Jacques Henri Lartigue

viernes, 4 de agosto de 2017

TERRORISMO Y PARTIDOCRACIA





La historia del terrorismo en España no tiene parangón con lo ocurrido en otros países de Europa. De las bandas terroristas que tuvieron su eclosión en los años 70 del siglo XX, como la Baader-Meinhof en Alemania o las brigate rosse en Italia no queda ni rastro. ¿Por qué, entonces, la organización ETA ha sobrevivido hasta nuestros días? En mi opinión, se debe a su filiación nacionalista, y a la particular partidocracia existente en España tras la muerte de Franco.
La ETA, presunta hija descarriada del PNV, aumentó exponencialmente su actividad con la instauración de la monarquía franquista de partidos. El pecado original de la ausencia de ruptura democrática con el régimen alimentó el sentimiento de culpabilidad de los veterofranquistas (UCD y AP) y de los consentidores del régimen recauchutado (PCE y PSOE) hacia las reivindicaciones de los nacionalistas, que sólo inspiraban desprecio a los dirigentes izquierdistas de la República en guerra como Azaña y Negrín; aquéllos, pues, supieron hábilmente recoger las nueces del árbol que ametrallaban los asesinos etarras a guisa de poli malo. No obstante, el quimérico proyecto de la ETA, que consistía en incitar un estado de excepción, que llevaría -en su opinión- al levantamiento del oprimido pueblo vasco en vistas a la constitución de una Cuba cantábrica, era inviable, y de la primitiva fase de Guerra Sucia a base de los Escuadrones de la Muerte de Felipe González, el estado partidocrático, sobre todo a partir de Rodríguez Zapatero, ha optado por la vía de intentar integrar a los terroristas en el sistema de partidos estatales proponiéndoles que se convirtieran, a su vez, en otro partido del régimen, subvencionado por el estado con sus cuotas de poder, prebendas y clientelas. Esa política de mano tendida explica episodios como los de De Juana Chaos y Bolinaga, que inciden en la indignidad programática de la partidocracia. Su corrupción, pues, y su inmoralidad originaria permiten alistar en sus filas a antiguos asesinos, obviando toda noción de justicia, sustituida por el religioso concepto del arrepentimiento, y con un absoluto desprecio a la nación a la que no representa, pues nada de esto es inseparable del proceso de desnacionalización y proporcional estatalización que lleva necesariamente a llenar todo el espacio de lo público en tal régimen antidemocrático.


Imagen: Marcel Dzama.

martes, 1 de agosto de 2017

MONSTRUOS MÉDICOS





Esta tarde fui a mi médico. Es un hombre ingenioso y culto al que le gusta intercambiar impresiones, aunque sea brevemente. Hablando del tema de la rabia, pasó mi amigo galeno a afirmar que las historias esotéricas de brujas, y monstruos tienen un origen científico. Así, la historia de los ajos como repelente de los vampiros tiene su origen en el hecho de que la picadura de los murciélagos -transmisora, por otra parte, de la rabia- hace que sus víctimas sufran un choc anafiláctico si consumen ajo, al tiempo que adquieren una capacidad inmunitaria extraordinaria, que hará, por ejemplo, que no padezcan nunca más de enfermedades como la gripe.
Por otro lado, enfermedades deformantes del rostro, y provocadoras de un aumento exagerado de la vellosidad (como la lepra y algunos tipos de lupus) provocaba que en épocas pretéritas sus pacientes fueran obligados a vivir retirados, en parajes inhóspitos o incluso cementerios. Imagínate -me dijo- esos parajes londinenses, cubiertos de bruma, y esos cementerios, moteados de fuegos fatuos producto de la descomposición cadavérica, donde, de pronto, detrás de una lápida surge un rostro hirsuto y deforme, ¡el hombre lobo! Me enardeció por un momento su habilidad narrativa, y su imaginación visual, que parecía sumergirme en una película de la Hammer. Lamenté hoy, más que otras veces, salir de su consulta, y sin sorprenderme de que haya tantos médicos escritores.


Imagen: Luis García.

martes, 25 de julio de 2017

SISTEMA, NORMA Y HABLA EN EL LENGUAJE DE LA POLÍTICA






Con el designio de superar la insuficiente dicotomía entre langue y parole establecida por Ferdinand de Saussure, fundador de la lingüística moderna, el insigne lingüista Eugenio Coseriu ideó una distinción tripartita entre sistema, norma y habla:

Sobre la base del mismo hablar concreto, única realidad investigable del lenguaje, han de elaborarse, según nosotros, los conceptos de norma y sistema, mediante una visión retrospectiva que tenga en cuenta las relaciones entre los actos lingüísticos concretos y sus modelos. [...] Es decir que el hablante utiliza, para la expresión de sus intuiciones inéditas, modelos, formas ideales que encuentra en lo que llamamos "lengua anterior" (sistema precedente de actos lingüísticos). O sea que el individuo crea su expresión en una lengua, habla una lengua, realiza concretamente en su hablar moldes, estructuras de la lengua de su comunidad. En un primer grado de formalización, esas estructuras son simplemente normales y tradicionales de la comunidad, constituyen lo que llamamos norma; pero, en un plano de abstracción más alto, se desprenden de ellas mismas una serie de elementos esenciales e indispensables, de oposiciones funcionales: lo que llamamos sistema. [...] Vale decir que el sistema y la norma no son realidades autónomas y opuestas al hablar [...] sino formas que se comprueban en el mismo hablar, abstracciones que se elaboran sobre la base de la actividad lingüística concreta, en relación con los modelos que ella utiliza. (E. COSERIU, Teoría del lenguaje y lingüística general. Cinco estudios, 3ª ed., 1973, pp. 94-95)

El sistema es, pues, una abstracción consistente en una red de oposiciones funcionales (de acuerdo con el principio de la lingüística estructural que concibe la lengua como un sistema de oposiciones relevantes), que se ve mediatizada por una abstracción de segundo grado llamado norma que limita las posibilidades expresivas del sistema. De tal suerte, como afirma Coseriu, "el individuo conoce o no conoce la norma y tiene mayor o menor conocimiento del sistema. Al no conocer la norma, se guía por el sistema, pudiendo estar o no de acuerdo con la norma (creación analógica)" (o.c. p.99) Por ejemplo, el uso de "rompido" o "andé" frente a los normales "roto" y "anduve". Por otra parte, el hablante puede saltarse deliberadamente la norma, y aprovecharse de las posibilidades que le ofrece el sistema, como ha sido el caso de los grandes escritores, creadores y renovadores en el idioma.

En la actualidad puede observarse con preocupación cómo el lenguaje de la política intenta, a través de la escuela y los medios de comunicación, convertirse en una nueva norma, que sustituya a la norma colectiva actual. Este antinatural esfuerzo provoca violencias al sistema, el lugar donde se encuentran la norma y el habla. Así, la machaconamente impuesta distinción en plural entre masculino y femenino, "compañeros y compañeras", "alumnos y alumnas", se opone a la oposición privativa del sistema que tiene al masculino plural como término no marcado, es decir, como el término de la oposición (masculino/femenino) que puede representar a ambos en el plural, según el principio de economía lingüística (tal violencia sistémica ha dado lugar a la chapucera solución de la utilización de nombres colectivos como "alumnado" o "profesorado"). Todo ello para evitar un llamado "lenguaje sexista", como si el lenguaje fuera un ser vivo -y por ende, racional-, que pudiera asumir tal postura ideológica, la de la socialdemocracia y la perspectiva de género, y no un sistema de relaciones opositivas destinadas a facilitar la comunicación humana (Así, el año pasado, formando parte de una comisión para la redacción de un llamado Plan Estratégico de Desarrollo de las Lenguas en Andalucía [P.E.D.L.A.] mi sorpresa fue mayúscula, cuando uno de los representantes de la Junta se ofreció en nuestra última reunión de trabajo en Torre Triana para eliminar todos los "rasgos sexistas" del borrador resultante).
La característica más perniciosa, por tanto, de esta nueva norma es, esencialmente, su carácter ideológico, que impone, asimismo, limitaciones severas en el uso del léxico tradicional para evitar presuntas discriminaciones y actitudes fóbicas frente a colectividades diversas. Se trata, en resumidas cuentas, del afán de control del pensamiento a través del control del lenguaje. El hablante, pues, debe resistirse a esta nueva norma colectiva, ser consciente de la libertad que está ínsita en la misma naturaleza de la lengua, y enfrentarse, como aspirante a dejar de ser súbdito de esta monarquía partitocrática, al sometimiento mental preventivo a esta policía del pensamiento.



Imagen: Réné Magritte